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Imprimir INTRODUCCIÓN
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La renovación litúrgica, introducida oficialmente por el Concilio Vaticano II, hizo cambiar la manera de celebrarla. La transformó en una fuente de primer orden de la espiritualidad cristiana. Volvió a conectar la liturgia con la vida, al considerarla como Palabra de Dios celebrada en la esperanza, después de haberla acogido en la fe y con el compromiso de vivirla en el amor. El año litúrgico hace presentes, en cierto modo, los misterios de la redención para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación (SC 102). El libro El año del Señor con los santos del Carmelo ha sido pensado en ayudar a los fieles a vivir en profundidad el dinamismo de continuidad entre liturgia y existencia, de la mano de quienes, en el Carmelo, fueron testigos de la experiencia de un Dios cercano y presente en el corazón de la vida de cada uno y de la iglesia peregrinante. Hablando del papel de la Palabra de Dios en la vida de los creyentes, el documento papal Vita consecrata, pone de relieve que como enseña la tradición espiritual, de la meditación de la Palabra de Dios, y de los misterios de Cristo en particular, nace la intensidad de la contemplación y el ardor de la actividad apostólica (n. 94) Los textos selectos de los santos del Carmelo se proponen en este libro precisamente para una mejor comprensión de la Palabra de Dios que, directa o indirectamente, ellos comentan después de haberla transformado en savia vital de su existencia. No pretenden ser otra cosa que señales orientadoras en la carretera de la experiencia cristiana de Dios. Esta es siempre una experiencia que compromete a tratar de expresarla en el servicio a los hermanos. Al mismo tiempo, la experiencia de Dios es la experiencia de alguien siempre mayor, que rompe nuestros esquemas y nos coloca frente a su misterio incomprensible. Los santos del Carmelo, como todos los santos, son para nosotros guías que nos ayudan a comprender las indicaciones a veces difíciles de leer o de entender en el itinerario espiritual. Ellos son como hermanos/as mayores que ayudan a los más pequeños y los van llevando de la mano y educando para que aprendan a caminar y no pierdan la senda que conduce a la auténtica experiencia de Dios. Es verdad que cada uno de nosotros es un ser irrepetible y que las experiencias, por muy semejantes que sean, se encarnan en una historia diversa constituida por el propio ser, carácter, circunstancias históricas en las que se |
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La Cruz de nuestro Señor Jesús, nuestra cruz |
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desarrolla su existencia. Usar textos de otros no significa reproducir automáticamente la misma e idéntica vivencia espiritual. Sería un empobrecimiento y una nivelación inaceptable. Sin embargo, los textos que son fruto de experiencia, tienen el poder de despertar y alimentar nuestras propias y originales experiencias. Un modo de unir la Palabra de Dios en la Escritura y en la vida es precisamente el constatar en los santos la posibilidad que hay de lograr eso y conocer, a partir de ellos, una serie de orientaciones vitales que nos vayan capacitando para hacerlo realidad en el desarrollo de nuestra vida cristiana. Confío en que la lectura orante de la Escritura a lo largo del año litúrgico bajo la guía y la compañía fraternal de los santos/as del Carmelo servirá para crecer en la vida de oración, entendida y experimentada como diálogo con Dios que nos ama (Santa Teresa), pues a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras (S. Ambrosio). Roma, 1 de noviembre de 1996 Solemnidad de Todos los Santos. Fr. Camilo Maccise, OCD Prepósito General
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