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El Año del Señor, Según los santos del Carmelo
3ª Semana de Cuaresma

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

EL AGUA SE CONVERTIRÁ... EN AGUA REBOSANTE
(Jn 4, 14)

Vengo a saciarme de la fuente viva de tu amor,
Señor, tengo sed de Ti.

Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.
Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida
aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben de ella,
aunque es de noche.

Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosos sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan y las gentes,
aunque es de noche.
El corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.
Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
aunque es de noche.
Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.

(San Juan De La Cruz. Poema 8.
Obras Completas, pp. 63-64)

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.
De día el Señor me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza del Dios de mi vida
(Sl 41, 2.9).


San Juan De La Cruz

LUNES DE LA 3ª SEMANA DE CUARESMA

EL... SE MARCHÓ (Lc 4, 30)

Tú caminas con los hombres, oh Jesús, dándote
a conocer poco a poco a los que emprenden tu camino
de sabiduría, hasta llegar al abismo de tu amor.

Cada misterio de los que hay en Cristo es profundísimo en sabiduría, y tiene muchos senos de juicios suyos ocultos de predestinación y presciencia en los hijos de los hombre.

Tanto, que, por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir, y aun por entender; y así hay mucho que ahondar en Cristo; porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van a cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá. Que, por eso, dijo san Pablo (Cl 2, 3) del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos. En los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos, si, como habemos dicho, no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría. Porque, aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.

De donde, pidiendo Moisés a Dios que le mostrase su gloria, le respondió que no podría verla en esta vida, mas que él le mostraría todo el bien, es a saber, que en esta vida se puede. Y fue que, metiéndole en la caverna de la piedra, que (como habemos dicho) es Cristo, le mostró sus espaldas, que fue darle conocimiento de los misterios de la Humanidad de Cristo (Ex 33, 18-23)

En estas cavernas, pues, de Cristo, desea entrarse bien de hecho el alma, para absorberse y transformarse y embriagarse bien en el amor de la sabiduría de ellos, escondiéndose en el pecho de su Amado. Porque a estos agujeros la convida él en los Cantares (2, 13-14), diciendo: Levántate y date priesa, amiga mía, hermosa mía, y ven en los agujeros de la piedra y en la caverna de la cerca; los cuales agujeros son las cavernas que aquí vamos diciendo. A los cuales dice luego el alma:

Y allí nos entraremos.
Allí, conviene saber: en aquellas noticias y misterios divinos nos entraremos.

(San Juan De La Cruz. Cántico 37, 3-6)

Dichoso quien se ejercita en la sabiduría
y reflexiona con inteligencia,
el que medita en su corazón sus caminos
y penetra en su secreto
(Sab 14, 20).


MARTES DE LA 3ª SEMANA DE CUARESMA

MOVIDO DE PIEDAD (Mt 18, 27)

En tu piedad, Dios mío, escondes mis pecados
y me colmas de misericordia.
Que tu gracia me abra a la plenitud de tus favores.

Es necesario saber que la mirada de Dios cuatro bienes hace en el alma, es a saber: limpiarla, agraciarla, enriquecerla y alumbrarla; así como el sol cuando envía sus rayos, que enjuga y calienta y hermosea y resplandece.

Y después que Dios pone en el alma estos tres bienes postreros, por cuanto por ellos le es el alma muy agradable, nunca más se acuerda de la fealdad y pecado que antes tenía, según lo dice por Ezequiel (18, 22). Y así, habiéndole quitado una vez este pecado y fealdad, nunca más le da en cara con ella, ni por eso le deja de hacer más mercedes, pues que él no juzga dos veces una cosa (Noche 1,9). Pero aunque Dios se olvide de la maldad y pecado después de perdonado una vez, no por eso le conviene al alma echar en olvido sus pecados primeros, diciendo el Sabio (Eclo 5, 5): Del pecado perdonado no quieras estar sin miedo. Y esto, por tres cosas: la primera, para tener siempre ocasión de no presumir; la segunda, para tener materia de siempre agradecer; la tercera, para que le sirva de más confiar para más recibir; porque si, estando en pecado, recibió de Dios tanto bien, puesta en amor de Dios y fuera de pecado, ¿cuántos mayores mercedes podrá esperar?

Acordándose, pues, el alma aquí de todas estas misericordias recibidas y viéndose puesta junto al Esposo con tanta dignidad, gózase grandemente con deleite de agradecimiento y amor, ayudándole mucho para esto la memoria de aquel primer estado suyo tan bajo y feo, que no sólo no merecía ni estaba para que la mirara Dios, mas ni aun para que tomara en la boca su nombre, según él lo dice por el profeta David (Sal 15, 4). De donde, viendo que de su parte ninguna razón hay ni la puede haber para que Dios la mirase y engrandeciese, sino sólo de parte de Dios, y ésta es su bella gracia y mera voluntad, atribuyéndose a sí su miseria y al Amado todos los bienes que posee, viendo que por ellos ya merece lo que no merecía, toma ánimo y osadía para pedirle la continuación de la divina unión espiritual, en la cual se le vayan multiplicando las mercedes.

(San Juan De La Cruz. Cántico 32, 1-2)

¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!
Los humanos se acogen a la sombra de tus alas,
se nutren de lo sabroso de tu casa.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen.
(Sl 35, 8.11).


MIÉRCOLES DE LA 3ª SEMANA DE CUARESMA

LA LEY (Mt 5, 17)

La ley no es una barrera, ni una contricción.
Acogida con amor, es camino de libertad y de vida.

La doctrina de la Cruz constituye el Evangelium Pauli, el mensaje que tiene que anunciar a judíos y gentiles. Es un mensaje sencillo, sin adornos, sin pretensión alguna de persuadir con argumentos racionales. Saca toda su fuerza del testimonio mismo que anuncia y éste es la Cruz de Cristo, es decir, la muerte de Cristo en la Cruz y el mismo Crucificado. Cristo es fuerza de Dios y sabiduría divina, no sólo en cuanto enviado de Dios, Hijo de Dios y Dios El mismo, sino en cuanto crucificado. Y es que la muerte de Cruz es el medio de salvación escogido por la infinita sabiduría. Y para demostrar que la fuerza y la sabiduría humana son incapaces de conseguir la Redención ha sido dada la fuerza salvadora a aquello, que según medidas humanas, parece débil y loco: el que no quiere ser nada por sí mismo, sino que deja que la fuerza de Dios obre sola en él, el que se ha despojado de sí mismo y se ha hecho obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.

La fuerza salvadora, es decir, el poder de resucitar a la vida a quienes estaban muertos a la vida divina por causa del pecado. Esta fuerza salvadora de la Cruz ha pasado a la palabra de la Cruz y, a través de esta palabra, se comunica a cuantos la reciben y se abren a ella sin pretender milagros ni fundamentos de humana sabiduría: en ellos se convierte en esa fuerza vivificadora y formadora que llaman Ciencia de la Cruz. El mismo san Pablo ha cumplido esto a la perfección; mas yo, por la misma ley, he muerto a la Ley, para vivir para Dios; estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Por aquellos días en que en torno suyo se hizo noche y, sin embargo, lucía la luz en su interior, conoció el celador de la Ley, que la Ley era el pedagogo en el camino que conduce a Cristo. La Ley podía preparar para recibir la vida pero no podía dar vida alguna. Cristo ha tomado sobre sí el yugo de la Ley por cuanto la cumplió perfectamente y murió para la Ley y por la Ley. Con ello ha librado de la Ley a quienes de él quieran recibir la vida, más sólo podrán recibirla cuando abandonen la suya propia. Porque cuantos han sido bautizados en Cristo han sido bautizados en su muerte.

(Beata Edith Stein. La Ciencia de la Cruz, pp. 18-19.
Editorial Monte Carmelo. Burgos 1994)

Con qué amor amo tu ley:
todo el día la medito.
Odio, detesto la mentira;
amo tu ley
(Sl 118, 97.104).


Jesús Crucificado

JUEVES DE LA 3ª SEMANA DE CUARESMA

TODO REINO DIVIDIDO (Lc 11, 17)

Luchar contra los poderes del mal, forma parte
del camino. Ganaré el combate si me das, Señor, las
armas de la victoria: la oración y la cruz.

A algunas almas generosas se les suelen poner otras fieras más interiores y espirituales de dificultades y tentaciones, tribulaciones y trabajos de muchas maneras, por que les conviene pasar, cuales los envía Dios a los que quiere levantar a alta perfección, probándolos y examinándolos como el oro en el fuego (Sab. 3, 5-6), según aquello de David (Sal. 33, 20), en que dice: Multae tribulationes iustorum, esto es: Las tribulaciones de los justos son muchas, mas de todas ellas los librará el Señor. Pero el alma bien enamorada, que estima a su Amado más que a todas las cosas, confiada del amor y favor de él, no tiene en mucho decir: Ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.

A los demonios, que es el segundo enemigo, llama fuertes, porque ellos con grande fuerza procuran tomar el paso de este camino, y porque también sus tentaciones y astucias son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne, y porque también se fortalecen de estos otros dos enemigos, mundo y carne, para hacer al alma fuerte guerra. Y por tanto, hablando David de ellos (Sal. 53, 5) los llama fuertes, diciendo: Fortes quaesierunt animam meam, es a saber: Los fuertes pretendieron mi alma. De cuya fortaleza también dice el profeta Job (41, 24) que no hay poder sobre la tierra que se compare a éste del demonio, que fue hecho de suerte que a ninguno temiese, esto es, ningún poder humano se podrá comparar con el suyo, y así sólo el poder divino basta para poderle vencer y solo la luz divina para poder entender sus ardides. Por lo cual el alma que hubiere de vencer su fortaleza no podrá sin oración, ni sus engaños podrá entender sin mortificación y sin humildad. Que por eso dice san Pablo (Ef. 6, 11-12), avisando a los fieles, estas palabras, diciendo: Induite vos armaturam Dei, ut possitis stare adversus insidias diaboli, quoniam non est nobis colluctatio adversus carnem et sanguinem, es a saber: Vestíos de las armas de Dios para que podáis resistir contra las astucias del enemigo; porque esta lucha no es como contra la carne y sangre, entendiendo por la sangre el mundo, y por las armas de Dios la oración y cruz de Cristo, en que está la humildad y mortificación.

(San Juan De La Cruz, Cántico, 3, 8-9)

Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos los libra el Señor
(Sl 33, 5.20).


VIERNES DE LA 3ª SEMANA DE CUARESMA

AMARÁS CON TODO TU CORAZÓN (Mc 12, 29)

Eres mío, Jesús, haz de mi corazón una morada
acogiedora para Ti.

Marcha interior. Toda la perfección cristiana está basada sobre la caridad. Todas las virtudes divinas, humanas, infusas y adquiridas, teologales, morales e intelectuales de parte tuya, y todas las gracias, dones y auxilios espirituales administrados por mano de Dios y de los ángeles y de los hombres tiende todo y se encamina a que la caridad haga en ti su curso.

La caridad tiene dos actos, prorrumpe en el alma en dos operaciones: primera, une el alma con Dios. Segunda, unida con Dios, la dedica al bien de los prójimos.

Primera operación: consiste ésta en que tu voluntad sea en todas las cosas, en acciones, en pensamiento y palabras, conforme a la de Dios, de manera que no seas tú la que quieras o no quieras sino Dios en ti, Dios contigo y Dios por ti. Esta operación de la caridad subyuga las pasiones y las domina y ordena; y con las pasiones el corazón; excluye al mundo y sus delirios, extravagancias, sus vanidades; vence al demonio, los caprichos, sus sugestiones y destruye del alma todo pecado sea grave o leve y toda imperfección voluntaria y estudiada.

Esta unión práctica diviniza el corazón y el alma y se labra y robustece y crece toda la vida con actos de fe, esperanza y caridad acompañados de las obras y acciones exteriores que sean ordenadas por Dios. Y esta labor, este trabajo interior se obra en la meditación y oración mental y en la presencia, en cuanto posible, continua de Dios y en el uso de las aspiraciones y jaculatorias. Esta unión produce la segunda y es el amor a los prójimos.

Segunda operación de la caridad: Amor a los prójimos. Unida el alma con Dios por amor, la caridad auxiliada de todas las virtudes y de las gracias y dones del Espíritu Santo, obra en el alma el amor a los prójimos. Obra, digo, y le ordena y, ordenadas todas las fuerzas y virtudes del alma al bien de los otros, ese amor ordenado produce con suavidad frutos maduros y dulces y saludables.

El amor de los prójimos antes de prorrumpir en obras, ha de existir, se ha de ordenar y adquirir. Y si no es él, si no está ordenado, las obras salen como frutas verdes, y da por resultado la temeridad, la indiscreción, la precipitación, y agita, turba e inquieta el alma y la fatiga y quita de su reposo.

(Beato Francisco Palau. Carta 28, Obras Selectas, pp. 693-694)

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza,
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Con el fiel tú eres fiel.
Tú salvas al pueblo afligido
(Sl 17, 2-3.26.28).

Sagrado Corazón de Jesús

SÁBADO DE LA 3ª SEMANA DE CUARESMA

EL FARISEO... EL PUBLICANO (Lc 15, 10)

Admirarme, complacerme, sería perderme.
Dejarme mirar por Ti, el Crucificado, es encontrarme
con la verdadera humildad.

Estos efectos, con todos los demás que hemos dicho que sean buenos en los grados de oración que quedan dichos, da Dios cuando llega el alma a Sí, con este ósculo que pedía la Esposa, que yo entiendo aquí se le cumple esta petición. Aquí se dan las aguas a esta cierva, que va herida, en abundancia. Aquí se deleita en el tabernáculo de Dios. Aquí halla la paloma que envió Noé a ver si era acabada la tempestad, la oliva, por señal que ha hallado tierra firme dentro en las aguas y tempestades de este mundo. ¡Oh Jesús! Y ¡quién supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del alma! Dios mío, pues veis lo que nos importa, haced que quieran los cristianos buscarla, y a los que la habéis dado, no se la quitéis, por vuestra misericordia; que, en fin, hasta que les deis la verdadera, y las llevéis adonde no se pueda acabar, siempre se ha de vivir con temor. Digo la verdadera, no porque entienda ésta no lo es, sino porque se podría tornar la guerra primera, si nosotros nos apartásemos de Dios.

Mas ¿qué sentirán estas almas de ver que podrían carecer de tan gran bien? Esto les hace andar más cuidadosas y procurar sacar fuerzas de su flaqueza, para no dejar cosa que se les pueda ofrecer, para más agradar a Dios, por culpa suya. Mientras más favorecidas de Su Majestad, andan más acobardadas y temerosas de sí. Y como en estas grandezas suyas han conocido más sus miserias y se les hacen más graves sus pecados, andan muchas veces que no osan alzar los ojos, como el publicano; otras con deseos de acabar la vida por verse en seguridad, aunque luego tornan, con el amor que le tienen, a querer vivir para servirle como queda dicho- y fían todo lo que les toca de su misericordia. Algunas veces las muchas mercedes las hacen andar más aniquiladas, que temen que, como una nao que va muy demasiado de cargada se va a lo hondo, no les acaezca así.

(Santa Teresa De Jesús. Moradas 7, 3, 13-14)

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine;
así quedaré libre e inocente
del gran pecado.
Llegue a tu presencia el meditar de mi corazón
(Sl 18, 14.15).


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EL AÑO DEL SEÑOR, Según los santos del Carmelo (meditaciones)
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